jueves, 14 de octubre de 2010

El Ciclo de Tebas

Y la acariciaba rápidamente, con los jadeos acostumbrados bajo el efecto del calor típico de esas situaciones, y ella gemía con amor más que con lujuria, mientras sus pupilas de agua se llenaban y se enrojecían los ojos totalmente, la piel se erizaba, y yo continuaba. Los dos; lento y a la vez rápido nos fundíamos en ese abrazo con fuerza, de vez en vez sentía sus uñas sobre la espalda, y me mira acalorada, y la miro, y me mira, y a veces la evito...

... Salí gritando, llorado, mentando madres, y lo amaba, aún así yo lo seguía amando, pero él no lo merecía, maldito pervertido. ¿Cómo pudo? ¡Idiota! Yo lo amaba con locura y estábamos juntos y yo mordía sus labios y él decía que le encantaba, decía que no parara, que estaríamos juntos siempre, lo escuchaba susurrarme bajo las sabanas que solo se movían cuando nuestros cuerpos las rozaban. Esa noche era especial, desde que le conocí todo era así, todo. Coincidimos en la escuela, he ahí cuando supe de su existencia, mi vida cambió. Ernesto me lo presentó, me advirtió:
-Es alguien de poco dinero, sí lo aceptas será bajo condiciones muy austeras.
Yo no vacilé, no me importó, me encantaban esos rizos inquietos, sus ojos color miel, su mirada coqueta, ¡ah! esa mirada, me hacía suspirar, y sus manos, sus lindas manos blancas y tersas, limpias, como si la inocencia aún corriera por esas manos, me encantaban sus manos, y su boca, su boca era mi perdición. Pasaban los días y mientras él me ayudaba a estudiar, yo hacía como si no comprendiera mucho, solo para quedarme un poco más con él, y él, con esa paciencia, con esa infinita paciencia, explicaba una y otra vez, mientras veíamos al cielo escampar. Escuchábamos música, un grupo que él amaba, uno irlandés, no recuerdo su nombre, pero ahí cantaba una chica muy linda...
Lo oí murmurarle a Alfredo algo, me impacienta ¿Qué será?, yo...

...Mientras comíamos su mamá nos hablaba de lo interesante que es eso de la psicología, ella era psicóloga, la mejor de los rumbos según se decía.
- Decidí estudiar psicología
- ¿Por qué hija?, ¿Qué te ha hecho decidir eso?
- Nada en especial, solo que he oído que es una excelente carrera, me es muy interesante.

...Ella era muy inteligente, y yo la amaba, en verdad, me encantaba su esbelta silueta, delgada, fina, hermosa, sus cabellos largos, castaños, hermosos, increíblemente brillantes, sus ojos bien grandes, eran uno con la luna, brillaban, se encendían con los besos, tomar sus dedos delgados y rozarlos con la boca qué delicia, era esplendoroso aquello, nos veíamos todas las tardes desde que empezamos a ser novios, nos poníamos a estudiar sobre Historia, a ella le costaba trabajo, así que una amiga me pidió que le ayudara, así comenzó todo. Para relajarnos yo le ponía música; "Only When I Sleep"...

...No podía más así que tuve que contarle a Alfredo mi terrible sueño, me estaba carcomiendo, me estaba matando en vida, ¡era horrible! No, nunca quise, era como si una terrible pesadilla amancillara mi vida, como si la destrozara, desvanecía todo lo que tenía con Valeria, pero aún así; ¡la amaba tanto!..

...Mi madre siempre nos servía una modesta cena, ella era la mejor psicóloga de los rumbos, pero no teníamos mucho dinero. Mi padre acababa de morir, y nos había dejado muchas deudas, él era apostador, mi madre me dio siempre lo mejor, siempre cuanto pudo, siempre en todo momento. De niño siempre me quiso mucho, yo tenía un hermano, un joven increíble, con una vitalidad envidiable, caminaba siempre por la acera, muy recto, casi como gendarme, con una mirada encantadora, yo tenía seis años, él no sé, mi madre nunca quiso decirme, solo supe que se accidentó en su motocicleta, cerca de un acantilado, mi madre me repite cada que puede: “te pareces tanto a él”.

Valeria y yo, mi niña hermosa, ella siempre me apoyaba, su padre era un abogado muy reconocido, y su madre era una vendedora de bienes raíces, los dos siempre fueron amables conmigo, mi Valeria heredó la hermosura y atrevimiento de su madre, y la fuerza y tenacidad de su padre, ella era perfecta.

Solo pasaban los días y ella iba a la escuela conmigo, era feliz, nos tomábamos de la mano, ella era feliz, nos reíamos mucho, parecía que nunca acabaría. A veces me quedaba en su casa, era algo muy acogedor, sentía las sábanas suaves, blancas, olían a algo que nunca había olido, sin embargo me encantaba, me atrapaba, me daban ganas de comerlas. Una de esas noches ella se metió en mi cama, y me acariciaba, yo no sabía qué hacer, nunca había estado con una mujer, metió su mano en mis pantalones y yo, me quedé petrificado, sintiendo algo que nunca había sentido hasta ese momento;
- Shhh calla, no digas nada, solo amémonos
- Sí pero... tus..
- No están, se han ido.
- No podemos estar así, ¿y sí llegan?
- No van a llegar, fueron a ver a un tío que está enfermo.

...Él siempre me consolabaen mis ratos de tristeza, cuando llegaba a su casa la señora Rebeca me recibía con los brazos abiertos, era igual en mi casa, mis padres sabían que sus situación era difícil, pero en vez de repudiarlo, lo admiraban más, a veces parecía que quisieran que fuese su hijo en vez de mi novio. Nosotros caminábamos por el parque que estaba cerca de la casa, él siempre me abrazaba fuerte, con sus largos brazos y sus manos blancas me sostenía la cara, a veces para robarme un beso,

"Si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo, y en la calle codo a codo, somos mucho más que dos"; Mario Benedetti, ese poema me lo recitó una vez y me encantó, entonces una lágrima corrió de por mis mejillas, y me sentí muy feliz, he ahi cuando se lo propuse, aquella vez en casa de mis padres no acabamos, él no estaba listo, pero ahora, ahora era distinto, yo lo acariciaba y de vez en cuando le enseñaba cómo, lo estaba preparando para el momento. No era casualidad que ese día llevara preservativos, también le enseñé todas esas cosas. Llegaríamos temprano y yo pedí permiso a mis padres para ir a casa de Fabiola, clásico que todas hacemos eso, él por su parte dijo algo parecido, dijo que iba a casa de Alfredo y Rebeca le creyó.

No quiero recordar todo lo anterior, fue bastante desgastante, él sin embargo se veía tranquilo, y nos montábamos en las estrellas para perdernos por instantes, lo amo de verdad, pensaba, ¿y tú me amas?..

...Salí de casa agitado, muy agitado, no quería verla más, no sabía qué hacer era la segunda vez y esta vez fue diferente a la primera, le platiqué pero no para que hiciera eso, sé que no eran malas sus intenciones, lo sé pero ¿qué puedo hacer?, mi sueño se hizo pesadilla esta vez, ya le dije a Alfredo, pero el pendejo no me cree.

...Han pasado tres días y no sé qué hacer mi llanto no cesa, nos estábamos amando, y yo gemía, pero noté algo que no había notado, él me llevaba, no era posible aquello, fui buena maestra pensé, y me mordía los labios y yo me lo comía a besos...

... Le tuve que decir a Valeria, le tuve que decir, no aguanté más, le dije que le había dicho: nunca he estado con una mujer y ella no hizo más que enseñarme...

... Cuando nos mirábamos fijamente él se agacho, y yo mordí su cuello, le dejé marca y él entró en mí, como nadie lo había hecho jamás, y lo amé más y lo amé, siguió todo, danzábamos juntos...

... Ella solo quería enseñarme, me dijo que había hecho lo mismo con él antes de que muriera, y yo, yo solo accedí...

...Y empezó a moverse más rápido..

... Y entonces le demostré mi amor...

... y el muy pendejo me gritó:

...Te amo Rebeca
...Te amo Rebeca..



J. Zarety